viernes, 7 de noviembre de 2014

12 (Suburbial)

Los caminantes se han ido con la lluvia.
Caen como perlas unas gotas de luz.
El silencio domina todo lo que se ve.
Hasta que vuelven febriles, errantes.
Malditas sombras entre las hojas.

Los perros van hacia las islas de sol.
El vago sale de su escondite de calor.
La tormenta desnuda algo prohibido.
Por acequias ruedan huellas furtivas.
Huele a hierbas a húmeda insistencia.

Forja la tarde impresiones estatuarias.
Siembra mudas imágenes en la pradera
Prolonga este regreso efímero y sensual.
Libres del virus, con su pálida piel.
Avanzan oblicuos miles de muertos.

Regresan a la hora del ocaso.
Al suburbio, a los furtivos abrazos.
Infierno o limbo, nunca paraíso.
Un tropel difumina ademanes amatorios.
Y una señal azul, los humilla y los mata.

Aves rapaces interrumpen esa ilusión de agua.
Estalla la verde soledad del parque.
Espanta y aleja el eco del recuerdo de mis amigos.
Hace que el aroma húmedo y salvaje permanezca.

Venga y al fin me arranque esta sensación mortal.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Ser viento

Enredado en el árbol de la noche
me desnudo sobre mi propia sombra.
Voy por el viento sublime
de tus jardines antiguos
desbordando alambrados y montañas
alcanzo la erosión trascendental.
Mientras la tierra suspira silencio
yo respiro tu aliento de agua remanente
Pero amanece…
el mar se hunde en la luz que sigue

y yo termino como deseo.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Colonias

Llegan empujados por la sangre
al origen del territorio vasto de los instintos.
Despliegan la mirada sobre el cuerpo nuevo de la llanura
para que se abra el camino de la distancia.
(Ya existía el silencio y de sus manchas remotas
acuden los perros dispuestos a servirles).
El sol espera manso, en la ansiada noción del crepúsculo.
Después arribará el viento con la carga precisa de nubes y sueños.
Al fin se detendrán los pasos y la noche.
Más tarde la araña en su nido
tejerá también sus redes para el enjambre que vendrá
siguiendo a los colonos.

José O. Antequera

1º.10.14

martes, 4 de noviembre de 2014

23  (Suburbial)

El martillo del obrero,
En algún lugar del barrio,
Insiste en doblegar la crisis,
Y lo que tiene a sus pies.
Otros rebeldes bajan por la calle,
Hacia las manifestaciones,
Automovilistas indiferentes,
Suben a las autopistas con peaje.
Caravanas de semidesnudos,
Toman la ciudad frenética,
Bajo el sol perpendicular del verano.
Sedienta y en un desierto sin fin,

Solo unos pocos ven,
Como mueren las hojas,
Y se marchitan las esperanzas.
Agobiados ante los núcleos de tormentas,
Fulminados por cohetes antigranizo,
Y ya no lloverá...

Los autobuses parten casi vacíos
Del terminal silencioso.
Sólo el mar en las mentes de los que ascienden,
Se agita y fluye azul,
En la Atlántida lejana y feliz.

Y en aquel que amasa el tiempo,
Para que no sea tan lento,
Y se lleve la crisis de fin de siglo.

En el rincón,
De una casa de barrio
Hasta donde llegan los golpes del martillo,
De un obrero que no piensa en el océano,
Cuenta el adolescente las monedas,
Para  llegar al mar.


lunes, 3 de noviembre de 2014

21 (de Suburbial)

La veo todos los jueves al atardecer,
Inmóvil y recostada en mi viaje ascendente,
En el occidente de mis pensamientos,
Aparece con sus pechos azules,
Apuntando al cielo,
Donde redimo mis carencias.

A veces me duermo,
Caigo en sus abismos vaginales,
Y cuando despierto ya no está,
O se ha vuelto negra,
Bajo un cielo rojo se ha hundido,
La que digo es mi amante.

Sin embargo,
Sé que está en la noche,
Que renacerá cuando tiemble,
Evolucionando del coito de fuerza brutales,
Que me guía desde sus candiles,
Que vela y ve desde los puestos perdidos,
Y que me llama para que regrese de mis fronteras,

Sé que muero un poco cuando vuelvo.
Y otro más, por lo que dejo...
La inocencia, la compasión,
Todo aquello que me abate.

Lo último que hice sobre la mesa,
La luz apagada sobre su silla predilecta.
Las confesiones frente al espejo.
Lo que mezclé en la cocina,
Y atrajo a los gatos,

Lo que maldije sin que tuviera efectos.
La costumbre por el arrepentimiento,
El arraigo y mi afecto a lo inmaterial.
La ventana abierta al sol de la tarde.
El abrazo que le negué al vencido.
Eso también me mata...
Sé que muero un poco,
Cada vez que vengo.
Es el precio que pago,

Por ser su amante.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Ciudad de barro

Yace solitaria
apagada en mi sueño
sobre la orilla de tu nombre.
En los ojos inundados del suburbio
sólo yo camino por su barro.
Levanto una estatua de plegarias
con los brazos en la niebla.
Te traigo y recreo.
En vano resulta esa frágil artesanía.
Es irrelevante este derrotero nocturno
para quien ya está lejos de mi rastro.
Cansado de buscarte
me quedo, a embriagarme de sombras
color noche y aromas de alameda.
Cuando la ciudad se inunde otra vez
con esa luz amarillenta
del vacío que precede al alba
volveremos
por la inclinación bucólica del abandono.
Como esencia que duele
cuando se derrama tu savia
o se vierte la sangre de mi cuerpo vencido.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Renacer

El vacío cruje
En el corazón
De la noche.
Como la madera de un árbol
Que ha muerto por dentro
Y a oscuras soporta
El fin de su gloria.
La hoguera y un hombre
Abrazados por la oscuridad
Honran su resistencia en silencio
Crepitan ardientes iconos de luz
Acuden al rito 
Nimios seres esteparios
Porque ha muerto en el desierto
Otro gigante sobre sus pies.

Volverán otros peregrinos
A cruzar esta misma noche
Y otro mismo árbol
Con sus ramas
Obtendrá a tiempo sombreros de sombras
Para cansados y moribundos
Contra la siesta:
Ese demonio inclemente del verano
Por el que se embarcan los hombres
A temibles cruceros nocturnos
Cuando Enero se quiebra en ausencia de acequias.
No me hallará entre sus víctimas diurnas
Porque renaceremos
Con ese retoño que mece una nueva inmensidad.